Y Ahora lo Manda el Burro
Historia 22/11/2020 08:00 am         


Juan Vicente Gómez ha sido el dictador más longevo en la historia venezolana



La carencia de toda instrucción formal, además de la temprana incursión en las faenas agrícolas, pecuarias y comerciales en su lejana tierra tachirense, obligaron a Juan Vicente Gómez a dotarse de destrezas, habilidades e intuiciones que le serían claves para mantenerse 27 años en el poder. Su vida de labriego y ganadero, se altera cuando se cruza con la del general Cipriano Castro, quien desde muy joven se inclina por la política y las armas y destaca en las guerras intestinas y el ejercicio del poder, de lo que para ese entonces era la sección Táchira del gran estado Los Andes.

Desde el momento de conocerse, unos dicen que en peleas de gallo y otros que en casuales circunstancias guerreras, nació entre ellos una empatía y una complementación que cambiaría la vida de Gómez y de alguna manera el destino de Venezuela. El hasta para entonces pacífico y próspero cordillerano, se transmuta en mecenas y secundador de los planes y aventuras de su amigo y compadre Cipriano Castro, lo que le costará un exilio de 6 años, muy bien compensado cuando en mayo de 1899 el audaz general Castro aprovecha la grave crisis y el vacio generado por la muerte de Joaquín Crespo, para en una rápida y sorprendente campaña militar desplazarse desde el rio Táchira en la frontera con Colombia, hasta la casa Amarilla, símbolo del poder en Venezuela.



Para su propia sorpresa, Gómez descubre a lo largo de aquella improvisada marcha bélica, su propensión a la guerra, por lo que en lo adelante será el segundo al mando en el poder ejecutivo y en las innumerables peripecias guerreras que le tocarán sortear en el gobierno de su desafiante compadre, contra quien se aglutinan todos los caudillos tradicionales, a los que el vicepresidente Gómez logra derrotar uno a uno, hasta convertirse en el gran pacificador de Venezuela.

En 1908, luego de 9 años de gobierno castrista, las relaciones entre los dos compadres, ha sufrido grietas irreparables, que solo logra solapar el disimulo de un Gómez temeroso de que el todopoderoso Castro lo elimine no solo política, sino físicamente. Sin embargo el destino jugará al vocinglero y altisonante mandatario una mala pasada, cuando tenga que ausentarse del país ante la grave dolencia física que lo consume y que no encuentra remedios en estas latitudes. Gómez queda encargado de la Presidencia y casi desde el día de la partida del agobiado mandatario pone en marcha una maniobra efectiva para desplazar del poder al viajero y quedarse con el mando.

Era tal el número de enemigos que se había granjeado el insoportable de Cipriano Castro, que el golpe de Estado que su compadre adelanta goza de apoyos mayoritarios, y solo es necesario detener a tres o cuatro altos funcionarios que se resisten al golpe de mano. El Dr. Rubén González, alto funcionario de la gobernación del Táchira está entre quienes repudian la traición hecha a Castro y la exterioriza públicamente lo que le costará persecuciones y atropellos del nuevo régimen.

González hombre competente y probo, canaliza su oposición a Gómez publicando un folleto que titula "El gañan de la mulera" donde lanza los peores epítetos y descalificaciones contra el nuevo hombre fuerte en el poder. Sin embargo, por esas volteretas de la vida y la política, Gómez y González, olvidando las ofensas y los agravios de la primera hora, se reconcilian, por lo que este último goza de todas las garantías y luego pasa a desempeñar con brillo los ministerios de Instrucción pública a la muerte de su titular José Ladislao Andara en 1922, y en 1929 durante la presidencia de "paja" de Juan Bautista Pérez, desempeña la cartera de Relaciones Interiores.

Los intrigantes y envidiosos, pretenden revivir en Gómez, los resentimientos por los dicterios proferidos por González, y uno de ellos cuando el dictador le anuncia su decisión de nombrar a su antiguo adversario como ministro, le recuerda con toda la incidia, el folleto publicado y le señala: “No se acuerda usted general, que el Doctor González se atrevió a compararlo a usted con un burro” y Gómez con su zamarrería innata y como si de antemano hubiera meditado la respuesta le contesta con naturalidad "y ahora lo manda el burro… cómo le parece".

Arturo Uslar Pietri, nuestro laureado Intelectual refería la versión que le contara el Dr. Rubén González, del día que siendo ministro de instrucción pública fue a rendir cuentas al General Gómez y vio que sobre su escritorio destacaba un ejemplar del folleto que publicara en los tiempos de repudio a su gobierno, para su alivio el dictador le aclaró: "Alguien que no es amigo suyo, me ha traído este folleto que usted escribió contra mí, pero no se preocupe doctor, eso lo escribió usted cuando éramos enemigos, ahora somos amigos y eso ya no importa".





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