Gobernantes Civiles del Siglo XIX
Historia 07/11/2021 08:00 am         


En 1834 el sabio José María Vargas fue el primero de los hombres sin charreteras en ocupar la presidencia de Venezuela



La larga y sangrienta Guerra de Independencia librada por Venezuela contra el poder colonial español, tuvo junto al logro de la libertad y la emancipación unos costos que luego pesarán a lo largo de su historia republicana hasta nuestros días. El proceso que tuvo como hitos iniciales al 19 de abril de 1810 y el 5 de julio de 1811, fue promovido por una élite civil e ilustrada que, contaminada de las ideas de la Ilustración, motivó la ruptura con la metrópoli y aportó las ideas que configuraron a Venezuela como República independiente. Sin embargo, ese proceso derivará hacia un proceso de violencia y confrontación generalizada, primero entre venezolanos partidarios de la independencia o fieles al poder monárquico y luego a partir de 1815, con la llegada de la expedición pacificadora del general Pablo Morillo en una auténtica guerra de independencia, cruel y desgarradora, donde los próceres civiles tendrán que hacerse a un lado para que sean los militares quienes asuman la conducción de una guerra que se extenderá hasta 1821.

Esta deriva militarista va a pesar cuando Venezuela en 1830, luego del fracaso del proyecto integracionista de la Gran Colombia, adquiera contornos autónomos e independientes, y sea precisamente esa pléyade de héroes de la independencia encabezados por Páez, Mariño, Soublette y los Monagas, entre otros, quienes se disputen el poder. Esa élite guerrera consideraba que su aporte decidido a la libertad les concedía el privilegio de ser los únicos con derecho a disputarse el gobierno de la naciente República, y a alternarse o perpetuarse en el ejercicio del mismo. El militarismo desde entonces se convertirá en un mal endémico, que bajo diversos envoltorios y banderas, ejercerá papel preponderante en la conducción y manejo de la República, impidiendo que los manejos del Estado o la administración pública pudieran ser ejercidos por civiles fueran cuales fueran la capacidad o méritos que los adornaran, así cuando hacemos el inventario del siglo XIX venezolano constatamos que fueron muy pocos los hombres sin charreteras que por corto tiempo lograron ocupar la Presidencia de la República.

El primero de ellos fue el sabio José María Vargas, quien en la etapa incipiente de la República (1834) y a pesar de los múltiples ruegos que hace a sus electores para que no voten por él, logra una clara victoria en los comicios de sufragio restringido que regía en ese tiempo. Vargas está consciente de que no es el hombre capaz de neutralizar la beligerancia de caudillos militares que se le oponen, de allí que su presidencia se verá interrumpida con el golpe militar de la denominada Revolución de las Reformas, que pese a ser derrotada por José Antonio Páez confirma solo tiempo más tarde su convicción de que no puede gobernar sino bajo tutela militar a lo que se opone, a lo que se niega renunciando a la primera magistratura a solo 13 meses de su mandato, siendo sustituido por el también civil Andrés Narvarte, que a título de vicepresidente solo logra sostenerse por nueve meses.

Veintiséis años más tarde, al inicio de una de las contiendas fratricidas más crueles, la llamada Guerra Federal, los venezolanos elegirán al ilustre patricio Manuel Felipe de Tovar, para ocupar la jefatura del Estado, este desbordado por el curso de los acontecimientos renuncia luego de un año de su periodo, dando paso al vicepresidente Pedro Gual, actor político desde los lejanos días de los primeros movimientos de independencia, quien solo dura cuatro meses en el cargo, siendo derrocado por un golpe militar que abre las puertas a la absurda dictadura de Páez. Con la elección de Juan Pablo Rojas Paul, en 1888 se restablecen los mandatos civiles y por primera vez un mandatario no militar transmitirá el mando a otro, en este caso Raimundo Andueza Palacios, ambos electos por un periodo de dos años contemplado por la constitución impuesta por Guzmán Blanco.

El experimento civil se frustrará cuando Andueza pretenda reformar la carta magna para extender su mandato, dando lugar al alzamiento del general Joaquín Crespo, que al frente de una revolución que apellidan "legalista" conquista el poder frustrando la posibilidad de dar continuidad a los gobiernos encabezados por civiles. Tendrán que transcurrir más de 60 años para que la silla de Miraflores sea de nuevo ocupada por un hombre civil, y lo será en la persona de Rómulo Betancourt, quien se desempeña al frente de la denominada Junta Revolucionaria de Gobierno, luego del golpe militar del 18 de octubre de 1945, antecedente de la elección del primer Presidente electo por sufragio universal, directo y secreto de nuestra historia el ilustre novelista don Rómulo Gallegos, quien durará solo nueve meses al frente del gobierno siendo derrocado por un golpe castrense el 24 de noviembre de 1948.







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