Gallegos, Vargas Llosa y “La Casa Verde”
Identidad 26/07/2020 08:00 am         


El venidero 2 de agosto se darà a conocer el ganador de la vigèsima ediciòn del “Premio Internacional de Novela Ròmulo Gallegos”.



En la siguiente crónica se recuerda la entrega del primera galardón en 1967 al novelista y Premio Nobel peruano.

El 4 de agosto de1967, Mario Vargas Llosa recibió el Premio Internacional de Novela “Ròmulo Gallegos” en su primera versión en el Museo de Bellas Artes de Caracas, y que consistìa en una medalla de oro, un diploma y cien mil bolívares. J.M Siso Martìnez ministro de Educaciòn y Simòn Alberto Consalvi, presidente del Instituto de Cultura y Bellas Artes, junto a un Gallegos ya agobiado por los años, presidieron el acto. Podrìa decirse que màs que una sesión protocolar fue la apoteòsis del “boom literario latinoamericano”. El galardonado había obtenido ya en 1963 el premio” Biblioteca Seix Barral” con la novela “La Ciudad y los Perros”, una distinciòn que representaba el bautizo de las nuevas generaciones de escritores que desde Barcelona -de la mano del editor Carlos Barral, la representante Carmen Balcells y el crìtico Emir Rodrìguez Monegal-, relanzaban las letras hispanoamericanas. Ahora Vargas Llosa era reconocido por “La Casa Verde”, una propuesta narrativa novedosa y magistralmente resuelta por quien compartìa la disciplina literaria con el oficio de redactor de una agencia noticiosa francesa.

El clima que rodeaba el evento estaba contaminado por las circunstancias políticas. La Revolución Cubana expandìa su influencia continental y en Venezuela la lucha armada (si bien se había producido la rectificación del Partido Comunista), seguía activa en las montañas y en las brigadas urbanas. Vargas Llosa no había venido solo sino acompañado por los màs importantes escritores de un movimiento que reimpulsò las letras continentales, como Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti, Carlos Fuentes, Josè Donoso y Gabriel Garcìa Màrquez, vecino de Caracas diez años antes y que se presentaba con su camisa barranquillera, (“trapo loco” le decían sus amigos) y quien habrìa de quedar anotado para el premio siguiente con “Cien Años de Soledad”.



Como era lógico en aquel momento el desembarco de intelectuales con fama de “izquierdosos” llamò la atención de los cuerpos de seguridad. El presidente Raùl Leoni se excusò a última hora de asistir al acto temiendo seguramente una provocación. Al novelista le propusieron que donara simbólicamente el valor del del galardòn a los grupos rebeldes en un montaje publicitario muy de moda y que luego le sería devuelto, propuesta que rechazò. Si tuvo interés en cambio en reunirse con el diputado Josè Vicente Rangel en su quinta “Araguaney” de la Alta Florida, autor del libro “Expediente Negro” y escuchar de èste, además como denunciante parlamentario del caso, una minuciosa explicaciòn sobre el asesinato del dirigente del PCV Alberto Lovera, hecho con notable repercusión porque revelaba una monstruosa violación de los derechos humanos en un gobierno democrático.


“LA LITERATURA ES FUEGO” 

El dìa de la ceremonia Vargas Llosa almorzó en el apartamento de los escritores Adriano Gonzàlez Leòn y Mary Ferrero en la urbanización El Bosque acompañado de otros intelectuales venezolanos, y en la vieja màquina de escribir ”remington” del narrador trujillano, dio los toques finales a las palabras que leerìa en la noche. Casualmente, un año después Gonzàlez Leòn ganaba el premio “Biblioteca Breve” en Barcelona con la novela “Pais Portàtil”. Horas después en un auditorio a reventar en el Ateneo de Caracas el novelista dio lectura al texto “La literatura es fuego” que comenzaba con la exaltación de un casi olvidado poeta también peruano Josè Oquendo de Amat: “Este compatriota mìo había sido un hechicero consumado, un brujo de la palabra, un osado arquitecto de imàgenes, un fulgurante explotador del sueño, un creador cabal y empecinado que tuvo la lucidez, la locura necesaria para asumir su vocación de escritor como hay que hacerlo: con una diaria y furiosa inmolación”. Las palabras finales estuvieron dedicadas a exaltar la responsabilidad del creador mas allà de los avatares polìticos: “Nuestra vocación ha hecho de nosotros los escritores, los profesionales del descontento, los perturbadores concientes o inconcientes de la sociedad, los rebeldes con causa, los insurrectos y redentores del mundo, los insoportables abogados del diablo. No se si està bien o si esta mal, sòlo se que es asì. Esta es la condiciòn del escritor y debemos reivindicarla tal como es”.

Desde aquellos dìas Mario Vargas Llosa -merecidamente honrado con el Premio Nòbel de Literatura en 2010-, sellò una franca amistad con Venezuela y los venezolanos; ratificada a travès de los años, pese a las circunstancias de la vida política y los propios altibajos históricos.







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