Vargas Vila, Blasfemia y Escandalo
Vida 03/05/2020 07:00 am         


El escritor colombiano protagonizò con estilo provocador y mordaz toda una etapa de la literatura continental. Viviò en Venezuela, fue secretario de Joaquìn Crespo, director de periódicos en Caracas



Largo el nombre y largo el apellido: Josè Marìa de la Concepciòn Apolinar Vargas Vila Bonilla. Nacido en Bogotà el 23 de julio de 1860 nadie pensó que la criatura habría de ser con los años profeta de la blasfemia, protagonista del escándalo, el escritor màs leído durante años y luego castigado por el olvido y la mala fama. A los 16 años se alista en las filas liberales e inicia un peregrinaje por pueblos y ciudades como maestro de escuela y dando a conocer un estilo literario ampuloso y saturado de adjetivos rabiosos en periódicos, hojas sueltas y cuanto papel se acerca a su atrevida pluma. El lenguaje llamado “vargasvilesco” de esta manera se expande pronto por el Continente y darà cuenta de tiranos y enfrentarà además viejos convencionalismos y buenas costumbres.

Al tiempo como profesor del “Liceo de La Infancia” en la capital, se verà envuelto en un notorio incidente: el colegio era dirigido por el sacerdote Tomàs Tovar y en èl se educaba lo màs selecto de la sociedad bogotana. Un dìa molesto con el director, Vargas Vila lo acusa públicamente de homosexual; provocando con ello un escándalo mayúsculo que lo obligò a abandonar la instituciòn y también la ciudad. Emigra entonces a Tunja y se hace secretario del general Daniel Hernàndez que encabezaba un alzamiento contra el Presidente Rafael Nùñez; los bandos se baten en la batalla de “La Humareda” y los liberales conocen la derrota. A los días Vargas Vila reaparece con una encendida diatriba contra Nùñez:” Pinceladas sobre la última Revoluciòn de Colombia: Siluetas Bèlicas”. El crìtico Jorge Valencia Jaramillo escribe sobre el panfleto:” No ahorrò adjetivo ni vituperio contra los jefes políticos de “La Regeneracion” mostrando de manera caricaturesca su vil sometimiento a las negras sotanas; poniendo en ridículo las supuestas virtudes de estos llamados “prohombres”; y presentándolos como seres humanos despreciables únicamente interesados en el poder”.

Vargas Vila inicia entonces su destierro venezolano; en Rubio funda el periódico “Federaciòn” y en sus páginas reconstruye la reciente experiencia de guerra; llega a Caracas en 1887 y promueve las revistas “Eco Andino” y “Refractarios”, a los meses dirige en Coro el periòdico “El Comercio” y luego regresa a la capital para fundar el diario “El Espectador” que apoya la candidatura del general Rangel Garbiras en la votación en el Congreso Nacional que favoreció a Raimundo Andueza Palacio de quièn se convierte en tenaz opositor al igual que del gobierno colombiano de Nuñez a quièn había combatido con las armas. El gobernante bogotano protesta airadamente ante Caracas y Andueza ordena de inmediato su expulsión del paìs.

Vargas Vila viaja a Nueva York pero al año siguiente regresa a Venezuela tras el triunfo de la “Revoluciòn Legalista” de Joaquìn Crespo, de quien se hace Secretario Privado por un tiempo, para volver luego a Norteamèrica donde entabla amistad con Josè Martì con quien publica la revista “Hispanoàmerica” la que marcarìa el verdadero comienzo de su creación literaria. En esos días el presidente ecuatoriano Eloy Alfaro lo nombra Ministro Plenipotenciario en Roma y es famosa su negativa de arrodillarse ante el Papa Leòn XIII al afirmar: “No doblo la rodilla ante ningún mortal”. No fue casual que al año siguiente con la publicaciòn de su novela “Ibis”, resultara excomulgado por El Vaticano. En 1902 de nuevo en Nueva York està al frente de la revista “Nèmesis” desde la cual entabla recurrentes polémicas con el historiador venezolano Cèsar Zumeta al tiempo que emprende una tenaz campaña contra los dictadores latinoamericanos y contra Estados Unidos por la usurpación del Canal de Panamà y la Enmienda Platt en Cuba y publica ademas la requisitoria “Ante los Bàrbaros” por lo cual es obligado a abandonar la nación.

Desde Roma, su nuevo destino, resiente que su controversial libro haya tenido eco en el escritor venezolano a quièn había dado a conocer la versión original, y entonces escribe: “Zumeta publicò apenas saliendo yo de Nueva York un opùsculo suyo sobre el mismo tema titulado “La Ley del Cabestro”, y los que saben de esta lectura lo acusan de plagio: ¿He llevado yo del cabestro a Zumeta?. Si lo peligroso de èl no es tirarlo del cabestro sino del rabo; tiene la manîa de cocear; es en èl una voluptuosidad”. En esos días el mandatario nicaragüense Josè Santos Zelaya lo designa junto a Ruben Darìo integrante de la Comisiòn de Lìmites con Honduras ante el Rey de España como mediador en la controversia. La misión dura poco tiempo y Vargas Vila comienza entonces un recorrido por varios paìses europeos hasta que se radica en Barcelona para organizar la publicaciòn de su abundante y escandalosa literatura y para lo cual celebra un contrato con la Editorial Sopena antes de retornar a Amèrica Latina, ahora como escritor de fama. ”Aura o Las Violetas”, “Flor de Fango”, “Pasionarias”, “Emna”, “Ibis”, “Laureles Rojos” y “Las Rosas de la Tarde”, contravienen las reglas morales de la época y son devoradas en una masiva lectura clandestina.

Su prosa pecaminosa se combinaba ahora con obras de aliento histórico como “Imperio Romano”, “Los cèsares de la decadencia”; “La conquista de Vizancio; y muchas otras que lo convierten en el primer “betsellista” latinoamericano sòlo comparable décadas después con su compatriota Gabriel Garcìa Màrquez. Casualmente será el autor de “Cien años de soledad” quien se ocuparìa con los años de pesquisar sus diarios extraviados a raíz de su muerte en 1933 y curiosamente aparecidos en La Habana y publicados el año 2000 por el editor Raùl Salazar Pazoz. Luego, por una desgraciada casualidad de la vida, se conociò la denuncia que quien fuera reconocido por su odio a los tiranos entre los años 1925 y1930 fue pensionado de la dictadura de Juan Vicente Gòmez.

Antes de morir Vargas Vilas había advertido: “Solo pido al viento misericordioso que no sople hacia Occidente, y no lleve ni un àtomo de ellas a las playas de mi patria. Yo no quiero ese último destierro; llorarìa de dolor aquel àtomo de mis cenizas”. En1980, el poeta Jorge Valencia Jaramillo dio con su tumba en el cementerio de “Las Corts” de Barcelona, y mediante gestiones oficiales sus restos fueron trasladados al Cementerio Central de Bogotà. El 23 de julio de 2010, (hace diez años), cientos de bogotanos se trasladaron al camposanto de la ciudad para rendirle tributo a los 150 años de su nacimiento. Allì, sobre la losa que guarda sus huesos en el Panteòn Masònico se lee solo: Vargas Vila.







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