El Reto Boliviano
Análisis 25/10/2020 08:00 am         


La victoria ampliamente reconocida de Arce y Choquehuanca en Bolivia tiene significativas implicaciones en la política latinoamericana.



La victoria de los candidatos del MAS Luis Arce como Presidente y David Choquehuanca en la Vicepresidencia no tendría porque sorprender a nadie. En este caso todas las encuestas habían despejado la duda sobre los alcances de un triunfo que se daría con el 40 por ciento de la votación a favor y una ventaja del 10 por ciento sobre el más cercano rival. Justamente, este polémico artículo de la Ley Electoral fue el detonante para la denuncia de fraude en la consulta de octubre del año pasado. Entonces Evo Morales obtuvo mayoría de votos sobre el aspirante Carlos Mesa pero según los observadores de la OEA para cumplir con el requisito legal se recurrió a un manejo tramposo, que desató las protestas y las acciones de calle que obligaron a la intervención militar y la posterior renuncia del mandatario después de catorce años de ejercicio del poder. La transición de Jeanine Añez obligaba a la convocatoria de nuevas elecciones mientras el MAS mantenía el control de las cámaras legislativas. Morales quien inició su exilio en México y luego en Buenos Aires quedaba obviamente descartado para la nueva votación y también inicialmente se presionó para que su partido fuera ilegalizado. Añez anunció elecciones en la cuales ella habría de ser candidata y que fueron pospuestas en tres ocasiones alegando la pandemia del coronavirus pero nuevamente el bloqueo de carreteras y las manifestaciones populares obligaron a fijar el 18 de octubre como la fecha definitiva para los comicios.


EL MAS SE RENUEVA

El binomio presidencial del MAS fue conformado de tal manera que combinara los elementos que sustentaron la gestión de Morales. Luis Arce, su ministro de Economía y conocido como el funcionario que representa una gestión económica considerada por los organismos internacionales como la más exitosa de América Latina por sus resultados; era la carta lógica para la máxima posición, acompañado por David Choquehuanca líder indígena y quien de alguna manera comparte el liderazgo de estos sectores con el mismo Morales. Ello garantizaba la activación de la estructura partidista a nivel nacional y además la reivindicación de las conquistas sociales y económicas de los últimos gobiernos, además de un clima de equilibrio político por largo tiempo en un país tradicionalmente agitado por sublevaciones y golpes de Estado.


LA DIFÍCIL UNIDAD

Las nuevas elecciones representaban un reto para los grupos opositores que habían participado en las jornadas previas a la caída de Morales, ya que las viejas estructuras partidistas no habían asumido la renovación y las nuevas referencias no mostraban mayor consistencia social sino el tributo a la antipolítica y los milagros mediáticos. Carlos Meza, expresidente y quien había competido recientemente con Morales y lógico beneficiario de su derrocamiento, lucía como la carta ideal para convocar la unidad de los sectores que enfrentaron a las gestiones masistas. En la escogencia aparecía “Tuto” Quiroga, también expresidente, y quien representa el viejo enfrentamiento a Morales y se considera como la principal opción de la derecha económica boliviana. Jeanine Añez jugaba al poder de su gobierno y a los efectos que en el MAS provocaría la ausencia de su máximo conductor y la persecución y limitaciones impuestas al partido mayoritario. En la misma línea se inscribieron los aspirantes María de la Cruz Bayà, Feliciano Mamami y Chi Hyun Chung, algunos de los cuales al igual que la Presidenta y Quiroga renunciaron antes de la consulta.


EL “BOLSONARO” BOLIVIANO

Luis Fernando Camacho es un dirigente social con posición de derecha en la zona de Santa Cruz, llamado el “Bolsonaro boliviano” que se dio a la tarea de organizar los llamados Grupos Cívicos que antes de la fecha electoral de 2019 convocó a cabildos y asambleas ciudadanas en su región para oponerse a la candidatura de Morales asumiendo que su opción burlaba una decisión judicial contra la reelección presidencial y en consecuencia su postulación era “ilegítima” más allá de la votación que pudiera obtener. La iniciativa provocó una ola de protestas y manifestaciones que se sumaron al malestar popular y crearon el clima que permitió la denuncia de fraude y la dimisión del mandatario. De esta manera, si hubiera que buscar al personaje que estimuló la caída de Morales antes que la denuncia de la OEA y la intervención militar, habría que considerar a Camacho, quién como era de esperarse también se inscribió para la votación presidencial.


LA VICTORIA

Tarde en la noche del domingo 18 y luego de una lógica tensión colectiva se conocieron los primeros resultados de los sondeos a boca de urna y con fotografías de las actas respectivas de la mayoría de los escrutinios que confirmaron la victoria del binomio Arce-Choquehuanca luego lentamente confirmados por el Tribunal Supremo Electoral, por 54 por ciento sobre Carlos Mesa con 32 por ciento y el 10 por ciento de Luis Fernando Camacho, lo cual no ameritaba la segunda vuelta, y con una participación de votantes del 87 por ciento del padrón electoral. La presidenta Añez, el contendor Mesa y el resto de los candidatos, salvo Camacho, reconocieron la votación.


EL FUTURO

El reconocimiento se extendió al secretario general de la ONU Antonio Guterres, a voceros de la Unión Europea, al gobierno de Donald Trump, a la mayoría de los países latinoamericanos, incluso de Luis Almagro el secretario general de la OEA que denunció fraude el 2019. Sin duda que ahora se abre el horizonte para una gestión con amplio consenso e indispensable para una política, capaz de enfrentar una economía en franca caída y agravada por los efectos del “Covid-19”. No obstante el “Bolsonaro boliviano” anuncia que no reconocerá al nuevo gobierno y que persistirá en su lucha por un cambio sustancial del país. Si bien es cierto que se abre un período para el rescate de la convivencia democrática, nunca debería olvidarse que el Altiplano es propicio para frecuentes sacudimientos. Camacho tiene ya la experiencia que su llamado en las calles tiene un eco final en el silencio de los cuarteles.

Análisis del Periodista Manuel Felipe Sierra









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