Entre el Cine y la Política
Bulevar 15/11/2020 08:00 am         


Solanas fue un realizador movido por la filiación ideológica, pero también por el profundo conocimiento del medio cinematográfico



Por Francisco A. Casanova S.

FERNANDO PINO SOLANAS (1936-2020)
Que le permitió a Solanas brindar tanto obras de excepcional jerarquía artística como otras consustanciadas con las instancias políticas inmediatas


Recién murió en Paris, donde era Embajador en la UNESCO, un referente del cine político y de la centro-izquierda Argentina, quien con sus documentales y películas creó un cine político nuevo y contundente. El primer (y único) cineasta argentino que fue premiado en los tres Festivales internacionales de Cine más importantes: en Cannes 1988, mejor director por Sur; en Venecia, Premio especial del Jurado, por Tangos, el exilio de Gardel; y en Berlín le otorgaron el Oso de Oro en honor a su carrera en 2004. Fernando Ezequiel Solanas (Olivos, Provincia de Buenos Aires, Argentina; 16 de febrero de 1936), conocido como Fernando “Pino” Solanas, nació en el seno de una familia de clase media antiperonista, pero los horrores cometidos desde septiembre de 1955 por los militares de la “Revolución Libertadora” a Perón y sus seguidores, lo hicieron virar de posición. Así fue que, fascinado por las luchas de la llamada Resistencia Peronista, fue acercándose al movimiento proscripto de la mano del pensador de la izquierda Argentina Juan José Hernández Arregui.

A lo largo de su vida, su militancia y compromiso político están íntimamente ligados a su actividad artística. Se formó políticamente junto a hombres como Raúl Scalabrini Ortíz, Arturo Jauretche, Carlos Astrada, Juan José Hernández Arregui, César Marcos, Fermín Chávez, John William Cooke, Rodolfo Ortega Peña, y fue secretario privado de Julio Canessa. Fernando Pino Solanas fue diputado nacional por la ciudad de Buenos Aires entre 1993 y 1997 por el Frente Grande, y nuevamente entre 2009 y 2013, con Proyecto Sur. Ese año asumió una banca en el Senado, dentro de la coalición UNEN, que reunía a la CC-ARI, la UCR, el Partido Socialista, el GEN y Libres del Sur. Participó como convencional constituyente en la reforma de 1994 y fue candidato a presidente en 2007, con un mensaje enfocado en la defensa del medio ambiente.

En 1962 realiza su primer cortometraje de ficción “Seguir andando” y forma su casa de producción. En 1968 realiza en forma clandestina su primer largometraje “La Hora de los Hornos”, trilogía documental sobre el neocolonialismo y la violencia en Argentina y América Latina. La hora de los hornos, film que coincidió con el arribo de la dictadura de Onganía al poder en 1966 y el pase a la clandestinidad como forma de eludir la persecución y la censura, enmascarando su realización en la productora de publicidad donde Solanas había hecho consecutivos proyectos relacionados que le brindaron experiencia en el cine.

La Hora de los hornos es la ópera prima del grupo Cine Liberación, fundado por Pino Solanas y Octavio Getino y que irrumpe en la escena mundial en una coyuntura de consolidación del Movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano, de emergencia de los nuevos cines africanos y de aparición de un cine militante europeo que acompaña el clima de agitación post mayo de 1968 en los principales foros cinematográficos. Aunque la película logró establecer un diálogo con ese ambiente, su sentido y orientación remiten a la historia argentina. Hacia fines de 1965 Solanas y Octavio Getino iniciaron el trabajo para un film que testimoniase la realidad del país; un proceso de compilación de material de archivo ya avanzado por Solanas, de registro de testimonios de militantes sindicales y políticos protagonistas de la denominada “Resistencia Peronista”, de algunos intelectuales y dirigentes estudiantiles, lo que quedó reflejado en su subtítulo: “Notas y testimonios sobre el neocolonialismo, la violencia y la liberación”.

La hora de los hornos consiguió terminarse en Italia y se estrenó en el Festival de Pesaro y ganó premios en Mannheim, Mérida, Locarno, obtuvo el gran premio al mejor film extranjero del British Film Institute y participó de la Semana de la Crítica de Cannes. El Film se estrenó finalmente en la Argentina, en 1973, y desde entonces, sigue siendo analizado en universidades y escuelas de cine de todo el mundo como ejemplo modélico del documental político. Según Mariano Mestman, “Entre los “films-faro” del cine argentino, La hora de los hornos (dirigida por Fernando Solanas y Octavio Getino), del año 1968, ocupa un lugar singular por haber expresado y a su modo protagonizado un período histórico convulso en tanto discurso fílmico debatido y devenido acto político a partir de su proyección clandestina en la Argentina, así como por su repercusión internacional”.

La propuesta teórico-práctica de Cine Liberación se desplegó en estrecha vinculación con la cultura, las acciones y los debates que atravesaron al movimiento político en el que se generó, el peronismo. Este colectivo, impulsor del Tercer Cine argentino, se formó en los años sesenta al calor del proceso de realización y circulación de La Hora de los Hornos. En ese contexto de radicalización, más allá de la función político-ideológica que sus miembros le asignaran al medio, el grupo supo explotar la capacidad crítica y reflexiva del dispositivo cinematográfico, e impulsa con el film el desarrollo de un circuito alternativo de difusión a través de organizaciones sociales y políticas que forman parte de la resistencia a la dictadura argentina. En 1971, el Grupo Cine Liberación fue convocado por el General Juan Domingo Perón a filmar en Madrid sus dos testimonios cinematográficos, que conformarán los largometrajes documentales: Perón, la revolución justicialista y Actualización política y doctrinaria para la toma del poder (1971/1972).

Pino Solanas termina en 1975 Los Hijos de Fierro, primer largometraje de ficción y alejado de los cánones del Grupo Cine Liberación. En este film revisita al poema épico de José Hernández, pero trazando un paralelo con la caída de Perón hasta su retorno. Sin abandonar su identidad política, Solanas construye un film de notable sustancia estilística, fruto de su estructura en verso, pero también por su depurado encuadre cinematográfico (la fotografía es de Juan Carlos Desanzo). Uno de sus protagonistas, Julio Troxler, fue asesinado por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) y el propio Pino fue amenazado de muerte y en 1976 un comando de la Marina intenta secuestrarlo. Parte al exilio hacia España y se establece finalmente en Francia, “Los hijos de Fierro”, pudo culminarse en Europa para ser presentada en 1978 en el Festival de Cannes.

Exiliado en París junto a su pareja de entonces, la actriz Elba Villafañe y su hijo (el hoy también realizador Juan Solanas), Solanas recién volvió al cine en 1980 con la única producción por encargo que realizaría en toda su carrera, Le regard des autres (La mirada de los otros), producida por el Conservatoire National des Arts et Métiers de Francia para el Año Internacional de la discapacidad y con la que volvió a una de las secciones del Festival de Cannes obteniendo el favor de la crítica. Durante su exilio participa en varias organizaciones de solidaridad con las Madres de Plaza de Mayo y los demás organismos de defensa de los derechos humanos, denunciando internacionalmente la situación argentina. En París, con Envar El Kadri, Arianne Mouskhine, Miguel Ángel Estrella y otros artistas e intelectuales, participa en la creación de la Asociación Internacional en Defensa de los Artistas.

Caída la dictadura en Argentina, en 1983, regresa a Buenos Aires y ya en democracia vendrían dos reflexiones sobre la identidad y el exilio que componen un hermoso hito en su carrera: El exilio de Gardel (Tangos), que mezclaba la música de Astor Piazzolla y José Luis Castiñeira de Dios con la búsqueda de la supervivencia en el exilio parisino, por la que ganó el Gran Premio Especial del Jurado en Venecia en 1985. A ella le seguirá otra obra de gran jerarquía como Sur (1988), nuevamente con la referencial música de Piazzolla y la parábola del encuentro luego de la larga noche de la dictadura con un protagonista (Miguel Ángel Solá) que sale de la cárcel y navega en sus recuerdos antes de volver a ver a su gran amor, pero en cuyos ecos emocionales del reencuentro con los años perdidos probablemente también se encuentre el perfil de un director retornado del exilio. Es un trabajo exquisito que recorre una fantasmal Buenos Aires, y recibió la Palma al Mejor Director en el Festival de Cannes.

En junio de 1989 promueve la gran asamblea de sindicatos audiovisuales que se realiza los días 22 y 23 de junio en el Centro Cultural San Martín, exigiendo la convocatoria a un gran debate y una ley marco de Radiodifusión que reemplace a la de la dictadura. Pino Solanas fue una de las primeras voces denunciantes del régimen de Carlos Saul Menem por la privatización de los canales y la Ley de Reforma del Estado. En marzo de 1991, en un reportaje, acusa a Carlos Menem de estar al frente de una “banda de delincuentes que está saqueando el patrimonio público”. El entonces presidente le responde con una denuncia por “calumnias e injurias”. Solanas reafirma su acusación ante el Juez Federal. Al día siguiente Solanas es víctima de un atentado de grupos comando ligados a la seguridad del Estado, por el que recibió seis disparos de arma de fuego en las piernas. Debe postergar la terminación del film El Viaje, que logrará concluir en 1992.
Continúa denunciando el saqueo menemista y, tras haber recibido centenares de saludos de solidaridad convoca a la unión de los sectores opositores al modelo, confluyendo en una gran marcha “sin otra bandera que la argentina”. El 21 de noviembre de 1991 –día de la Soberanía Nacional- una bandera de 400 metros de largo recorre la ciudad de Buenos Aires hasta abrazar al Congreso de la Nación. Sus cuestionamientos a la política de privatizaciones, que incluyeron la cesión de las Galerías Pacífico, que pertenecían a Ferrocarriles Argentinos, se extendieron a las denuncias por corrupción que salpicaron al menemismo.

En el otoño de 1992, el ex diputado nacional y dirigente, Luis Brunati lo invita a encabezar un gran frente político y social. Nace el Frente del Sur, integrado por varios partidos políticos y organizaciones sociales. En 1993 se funda el Frente Grande, con la incorporación del sector que lidera Carlos “Chacho” Álvarez. En octubre, Fernando Solanas es electo Diputado Nacional por la Provincia de Buenos Aires. Recibio el premio Human Rights Watch, en New York, donde se realiza una retrospectiva de su obra.
En 1994, frente a la elección de constituyentes para la Reforma Constitucional, Solanas propone ampliar el Frente Grande e incorporar como candidatos a grandes referentes sociales. En la Convención Constituyente, se desempeña como vicepresidente de la Comisión de Nuevos Derechos. Entre sus numerosos proyectos presentados, es aprobada e incorporada la 1ra. Cláusula de Cultura en el Artículo 75º, inc. 19 de la Constitución Nacional. En 1997 termina su mandato y, a pesar de los ofrecimientos de distintas fuerzas políticas, vuelve a su profesión de cineasta. Durante su gestión como Diputado Nacional, entre 1993 y 1997, integra las comisiones de Cultura, Energía, Comunicaciones, y Medio Ambiente desde las que elabora más de 160 proyectos, entre resoluciones y leyes. Desde el Parlamento, trabajo en la reforma de la Ley de Cine, la Ley de Teatro y la Ley de Música, así como en la ley de la cinemateca nacional y fue invitado por Federico Mayor –Secretario General de la UNESCO- a integrar el Comité Mundial por la Defensa del Patrimonio Cinematográfico en representación de América Latina.

En abril de 2002 propone fundar el Movimiento por la Recuperación de la Energía Nacional Orientadora (MORENO) con diversos sectores de la energía, que a lo largo de cinco años de trabajo y a través de la publicación semanal InfoMORENO, ha logrado poner en el tapete del debate político el tema de los recursos naturales estratégicos y la importancia de la recuperación del patrimonio energético argentino. Paralelamente, encabeza la formación del espacio político Proyecto SUR, dedicado a la investigación de una propuesta programática nacional, como un movimiento político, social y cultural de Argentina, de orientación nacional, de línea política centroizquierdista, y relacionada con la ecología política.

En 2004 presenta el documental Memoria del Saqueo, un relato histórico de los problemas económicos que enfrentó la Argentina desde la última dictadura militar hasta el estallido social ocurrido en 2001, en los últimos días del gobierno de Fernando de la Rúa, obteniendo el Oso de Oro a su trayectoria en el 54º Festival Internacional de Cine de Berlín. La película obtiene importantes premios internacionales. En septiembre de 2005 estrena La Dignidad de los Nadies, premiada en Venecia, Montreal, Valladolid y La Habana. El 5 de diciembre de 2005 es distinguido por el Fondo Nacional de las Artes con el Gran Premio a la Trayectoria y en mayo de 2007 estrena Argentina Latente, su documental sobre las potencialidades científicas del país.

En las semblanzas publicadas en la prensa de Buenos Aires y en periódicos tan disimiles como Pagina 12 respecto a La Nacion o Clarin, se podría establecer que uuna vez que las coyunturas políticas pasen de época, la trayectoria de Fernando Ezequiel "Pino" Solanas ocupará el privilegio inherente a los grandes nombres del cine argentino y latinoamericano dentro de un legado indiscutido: haber generado un camino donde se ubica el derrotero del cine político argentino dentro del contexto de este movimiento en su faceta internacional, pero construyendo una identidad y una voz indudablemente propias.

Solanas fue un realizador movido por la filiación ideológica, pero también por el profundo conocimiento del medio cinematográfico, que le permitió brindar tanto obras de excepcional jerarquía artística como otras consustanciadas con las instancias políticas inmediatas, con resultados de menor vuelo, pero también de mayor repercusión y polémica debido a su urgencia. Su muerte también clausura el último testimonio del Grupo Cine Liberación, la experiencia de cine político anclada en el revisionismo peronista donde confluyó con Octavio Getino y Gerardo Vallejo, y que era parte del denominado Tercer Cine que, originado en un escrito de Solanas y Getino de 1969, encontraría repercusión en la génesis de otros movimientos revolucionarios o de protesta en el campo del séptimo arte, como es el caso del grupo Ukamau en Bolivia, con el nombre de Jorge Sanjinés; el Cine imperfecto surgido al amparo de la Revolución cubana con Tomás Gutiérrez Alea, Humberto Solás y Santiago Alvarez; el Cinema Novo brasileño que agrupó a Glauber Rocha, Nelson Pereira dos Santos y Ruy Guerra, o en Chile, con los nombres de Miguel Littín o Patricio Guzmán retratando desde un cine militante al gobierno socialista de Salvador Allende e incluso su final.

A Pino Solanas siempre le gustó someter su obra al debate público. Lo había hecho de manera ostensible en el primer tramo de su carrera, cuando sus películas militantes estaban destinadas sobre todo a los cenáculos de militantes clandestinos que trabajaban para el regreso del peronismo al poder desde los sectores más radicalizados de esa corriente, muchos de ellos comprometidos inclusive con la lucha política armada que desangró a la Argentina en los años 70. Con la recuperación democrática en 1983 y final de la censura, ese cine político volvió a la luz. Y el regreso del exilio político de Pino Solanas fue de la mano con el rescate de Los hijos de Fierro, una de sus películas más paradigmáticas. Quienes descubrían esa obra (sobre todo estudiantes y jóvenes) exhibida en alguna sala de cine arte de la avenida Corrientes se encontraban con sorpresa a la salida de la proyección con la figura del mismísimo Solanas, dispuesto a la conversación en una suerte de debate espontáneo e instantáneo que se repitió muchísimas veces. Esa conducta se hizo costumbre y se amplió todavía más cuando empezaron a conocerse algunas de las obras posteriores del realizador, menos políticas, más poético-alegóricas y con presencias musicales notorias como las de Roberto Goyeneche o Fito Páez. El encuentro entre Solanas y el público a la salida de las exhibiciones de Sur y Tangos: el exilio de Gardel fueron una constante de esos tiempos. En el amplio hall de algunos cines grandes o pequeños que ya no funcionan en Barrio Norte, Recoleta o en cercanías de Cabildo y Juramento (en el barrio de Belgrano), el coro que se formaba cada noche de sábado alrededor de Solanas marcaba también el pulso de la repercusión de esas obras, que por cierto resultaba entonces bastante considerable.

En el fondo, este tipo de encuentros funcionaba como otra manifestación del estilo de Solanas, un director que creía en la presencia constante y explícita del autor en su obra cinematográfica. Podemos ver en cada una de sus obras cómo Solanas narra una historia y al mismo tiempo vemos el proceso en el que el director va construyendo esa misma narración (Marcelo Stiletano). Su discurso crítico, identificado en sus comienzos con la izquierda y con el peronismo y posteriormente más cercano a la defensa de los recursos naturales, fue recordado horas después de su fallecimiento tanto por el peronismo como por sus opositores.






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