El Museo de Petare se expone como arte y parte
Bulevar 30/08/2019 05:00 am         


El hogar de la cultura ingenua cumple 35



Entre los oasis caraqueños, este el más tierno. Rodeado de una circunstancia política y social apremiante que per sé se le escurre a los estereotipos, ver al Museo de Arte Popular de Petare Bárbaro Rivas. Empinado en el alto de la colina donde cohabita con los 25 caserones de arquitectura colonial del Centro Histórico —todos cundidos de helechos—, el refugio de los creadores ingenuo  sobresale benigno, cerquita de la casa de los  golfiaos . Pese a la penuria distribuida con esmero y sin pizca de pudor a lo largo del territorio nacional (y más allá), asombra la pasión de los que laboran en esta casona mágica de presupuesto pírrico y puertas que parecen abrazarte cuando las franqueas.Curadores, carpinteros, museógrafos, montadores presumen la misma condición comprometida de la directora, Carmen Sofía Leoni,

Creado el museo el 22 de febrero de 1984, la casa que lo acoge tiene una historia larga que precede a la de la institución correspondiente. Construido a mediados del siglo XVIII, sería objeto en distintos momentos de remodelaciones, así como podría ser un destino a usos muy diferentes antes de ser el recinto referencial que es. Un Petare deshabitado a donde los caraqueños iban a temperar, justo en el fresco rescoldo del Guaire en el que sumergirse era un placer recomendado por los galenos, será el contexto bucólico del futuro museo.Ubicado en el cruce de las calles Lino de Clemente, nombrando así para honrar al almirante nacido en Petare —parente de Simón Bolívar y quien está en los abajo firmantes del Acta de Independencia del 5 de julio, para más señas—, y Juan de Dios Guanche —bautizada con el nombre del maestro visionario que promovió la educación integral antes de que fuera una recomendación de la Unesco—, la construcción de 561 metros cuadrados sería escuela de artes y oficios, centro de comercio y casa de vecindad; estaría habitada por 54 inquilinos.

Luego viene la idea del museo y de seguidas la de que sea un museo concebido para honrar el arte ingenuo y sin duda la memoria del artista Bárbaro Rivas, talentoso petareño que vivió de la albañilería hasta que tarde, muy tarde, se le reconoció su grandeza .Ocurrencia que suscriben María Elena Ramos y Perán Erminy, entre otros devotos de la cultura, en la muestra que acaba de inaugurar   Memoria cuenta y cuentos, 35 años del Museo de Arte Popular de Petare Bárbaro Rivas   que celebra el redondo aniversario de la institución, textos y fotos en blanco y negro, sepia, describe la evolución de la edificación en sus distintas etapas y usos. Exposición para la celebración del museo y sus tantos amadores, la institución es acaso por primera vez sujeto y objeto.

Doce directores (en este orden: Hernán Acevedo, Fedora Briceño, María Teresa López, Ana Yilda León, Alberto Rodríguez, Gilliam Aguirre, Carol Cañizares, María Josefina (Fina) Weitz, Carmen Sofía Leoni, de nuevo Carol Cañizares, Silvia Gómez Rangel, de nuevo Carmen Sofía Leoni), 603 obras en su colección, 235 exposiciones, 210 publicaciones, más de 700 mil personas atendidas son cifras exhibidas con orgullo y con las que recibe el crítico, al periodista, al visitante: aquí hay trabajo y devoción sin intermitencia, parece decir las sumas a bocajarro. De inmediato, un rimero de libros de la contaduría, dispuesto en un baúl tan abierto como tiene la memoria y la cuenta de un organismo público, son una invitación, más que al repaso de los haberes del museo,un pensamiento en el recurrente ocultamiento de procedimientos y en el diseño por la democracia representativa de cuentas que, de un tiempo a esta parte, se ha convertido en moneda de cambio. ¿Sabrán los oficialistas, que han hablado tanto de participación y empoderamiento, del modelo de gobierno llamado abierto?

Las seis salas expositivas son la narración de una voluntad sin baches. El asombro está fundamentado y ya la crítica ha convenido en ninguna otra institución ha atesorado tanta información y con tanto esmero —no en sótanos húmedos— acerca de sus afanes, en este caso la investigación artística. En una de las estancias conviven los grandes adalides del  ingenuo como Bárbaro Rivas, el anfitrión, Elsa Morales, Rafaela Baroni, Antonia Azuaje, Daniel García Volcán, Socorro Salinas, José   Cheo   Pérez Nuestros trabajos están catalogados con fichas en el inventario. Enmarcadas sin ostentación pero con prolijidad las 17 obras seleccionadas para esta muestra reconstruida entre ellas, en su reaparición, el diálogo perfecto que ojalá extrapoláramos a la escena política.


Las seis salas expositivas son la narración de una voluntad sin baches.

Así ocurre con la exposición toda, se trata de un relato contado en una secuencia amorosamente trazada. Las estrellas transfinitas  de Apolinar, considerado como la mejor exposición de arte popular en 2012 por la Asociación de Críticos de Arte (Aica) está incluida en esta antología, reconocimiento incluido. Así como la histórica exposición  Confluencias , cuya versión itinerante es capítulo aparte en la muestra. Aunque sintetizada, conserva el concepto de contrapunteo lúdico, ocurrente, inteligente entre el arte  ingenuo y las piezas que el arte culto etiqueta como abstractas, geométricas o cinéticas que fascinó a la crítica y al público todo en 1993. Una selva de Feliciano Carvallo le hace guiños a las líneas vibrantes de Soto, por ejemplo. La ocurrencia sigue conmoviendo. "Vemos una obra y otra y sombra que tanto las diferencias inmensas de trazo como las coincidencias cromáticas iguales nos llevan a un mismo sentimiento ... ¡es que es lo mismo!", Jura Leoni. “Son distintas formas de asumir un contenido, un relato, pero ¿no lo sientes cuando ves una y otra? ¿No ves que emoción la expresión y el lenguaje pero sintetizas una emoción similar? ", Descubre.

Asombra de seguidas la prolijidad de los catálogos.Son 120 folletos, volantes, trípticos contando la cronología de la creatividad; cada uno de los prospectos más hermoso que el otro. No todas las exposiciones tuvieron uno, pero todas las que tuvieron se darían lija con estas piezas explicativas, también obras de arte: bellos los diseños, finísimo el papel. Ocupan una pared de arriba a abajo y son un recuento de la trayectoria recorrida: bienales, exposiciones individuales y colectivas, concursos. El museo no para. No se deja.

Sacan sonrisas las dos exposiciones, tan exitosas, llamadas  La Corotera . Las fotos son elocuentes. El museo se convirtió en una casa modelo del Petare inolvidable.Los dueños de las casonas coloniales tan próximas se volcaron a colaborar en el proceso de curaduría y montaje, es decir, encantados se convertirán en la tarea de amoblar con sus corotos el museo hasta convertirlo en la casa de la habitación del imaginario común, una antañona . Camas de copetes infinitos fueron reparadas por los ebanistas para la exposición, así como las políticas descosidas fueron tapizadas para dicha de sus dueños. Escenario revalorado de la cotidianidad, las imágenes recogen el set en que se cambia en los corredores repletos de mesitas de noche y sus tapeticos, floreros, detalles familiares que no son kitsch, ni cursis, ni nada de eso, solo elementos de la escenografía cotidiana ambientada en el año quitipún. Un éxito y una alegría para la comunidad verso en ese espejo, seguro ovalado, que venía acompañado de retratos de abuelos bigotudos y abuelas de moño y vestidos hasta el piso.

Otra exposición con altar particular —que se destaca en la muestra— es  De Civitates Dei  del celebérrimo artista plástico Miguel Von Dangel, creador de genes alemanes avecindado en Petare, que haya en lo cotidiano simbologías y pistas de la espiritualidad, y fe en la contundencia del trópico Con sus laureles correspondientes, la credencial que confirmó el premio a la mejor exposición de 2014 otorgado por la Asociación Internacional de Críticos de Arte, queda claro por qué sería la mejor individual entonces.


Obra  del celebérrimo artista plástico Miguel Von Dangel 

La mala ortografía, también a la vista, se exhibe como una deuda que todos compiten. Como ejercicio que promueve el museo —siempre van los estudiantes a las charlas, a las proyecciones de documentales, a los conciertos, a las exposiciones— los niños que embelesados ​​con las obras y con la biografía de Bárbaro Rivas lo dibujan con absoluta gracia lo explican con las letras, ay, que no son. Una pena enorme que Carmen Sofía Leoni no disimula (ni su vergüenza ni la evidencia, aquí contra la pared, como la educación) porque esta prueba podría, debería, ser un llamado de atención. “El trabajo es inmenso que nos toca ya”, dice persuadida.

"Grandes desafíos y cambios en los paradigmas seguirán fortaleciendo las oportunidades de contribución con la colección, preservación, investigación, interpretación y exposición del arte popular contribuyendo así al desarrollo artístico y cultural del país", dado uno de los textos de sala. Leoni lo suscribe mientras recuerda una de las tantas vivencias increíbles experimentadas a lo largo de su aventura como directora del museo.Como cuando el compositor Ricardo Teruel, autor que le extrae música a todo —además del piano y la computadora, las botellas de vidrio, las chapas y un rimero de instrumentos de su invención—, en una presentación en el patio del museo, ofreció en su concierto-performance, como sonoridad para el pasmo de todos, la producción por las incesantes vueltas en el aire que trazaría con unas mangueras recortadas. Ululaban a medida que se mueve más rápido, con un sonido agudo de ventarrón. Un pájaro curioso fue acercándose por los tejados, dio saltos por los aleros, más y más, hasta que llegó muy cerca de Ricardo Teruel, lo miraba, casi se paró en su hombro y luego silbó. Hicieron hermoso dúo hasta que el pájaro voló.







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