Un Presidente muerto en combate
Historia 13/09/2020 08:00 am         


Manuel Ezequiel Bruzual, conocido en la historia como “el soldado sin miedo”, muere en Curazao el 16 de agosto de 1868, siendo de esa manera el único jefe de Estado venezolano que fallece combatiendo



La trastocada y discontinua historia venezolana ha estado marcada por una serie de acontecimientos insólitos y desconcertantes, que han involucrado situaciones y personajes desconocidos para el común de los ciudadanos. Uno de ellos tiene que ver con un jefe de Estado muerto en combate. Se trata del general Manuel Ezequiel Bruzual, a quienes sus contemporáneos y particularmente sus compañeros de luchas liberales calificaron como “El soldado sin miedo de la Federación”. Había nacido Bruzual en Santa Marta, Colombia, en 1830 año de la muerte del Libertador y de la disolución de su proyecto integracionista, siendo desde muy joven militante de las filas liberales, por lo que al estallar la Guerra Federal va a formar parte destacada de los ejércitos del mariscal Falcón y el general Ezequiel Zamora, participando en numerosas acciones guerreras que lo consagraron en la Batalla de Santa Inés, en cuyo contexto fue elevado al rango de general del ejército federalista.

Muerto el llamado “general del pueblo soberano”, “por bala anónima” en San Carlos, Falcón, delega la conducción de las operaciones militares a Manuel Ezequiel Bruzual, por lo que al firmarse el tratado de Coche y transferirse el poder a los federales, el presidente Juan Crisóstomo Falcón lo designa ministro de Guerra y Marina, cargo del que más tarde será destituido y sometido a prisión por graves desavenencias con el jefe del Estado. Sin embargo, la primera administración federal resultó particularmente desastrosa para Venezuela: las grandes esperanzas y reivindicaciones sociales que habían desangrado al País durante cinco años de luchas fratricidas en la llamada “guerra larga”, estarían destinadas a periclitar con el manejo improvisado y displicente del gobierno del mariscal Falcón, cuya indisposición incluso para ocuparse de sus funciones deterioran la situación nacional. El presidente pasa largos periodos de su tiempo en su tierra falconiana consumido en sus costumbres rústicas y pueblerinas; la administración pública es un desastre, se dice que el mandatario gira vales para sus amigos y protegidos en papel de conserva coriana, que son pagados por la tesorería. Antonio Guzmán Blanco, a quien todavía no ha llegado su hora consagratoria, es quien se ocupa de llevar al día los asuntos del Estado, estrenándose en la carrera pública, pero la situación de la República se vuelve desastrosa y la tea de la guerra que se creía extinguida vuelve a prenderse por todas partes.

Los alzamientos contra el gobierno del general Falcón se suceden uno tras otro e involucran a jefes políticos y militares del propio Partido Liberal, a viejos conservadores desplazados del poder, e incluso a la legendaria y octogenaria figura del general José Tadeo Monagas, que echado del poder por una alianza de liberales y conservadores en 1858, espera paciente la hora de la venganza. El Presidente de la República en principio decide hacerle frente a los alzamientos en su contra y para contar con un hombre valeroso y decidido hace las paces con el general Bruzual a quien reivindica y designa como jefe del Estado Mayor del Ejército, pretendiendo que con su prestigio y ascendiente en el campo militar pudiera sofocar las revueltas.

Bruzual diseña una estrategia que involucra batalla y negociación política tratando de lograr derrotar o pactar con los adversarios. Falcón conociendo la precariedad de su gobierno renuncia a la Presidencia el 4 de mayo de 1868 y designa como su sucesor a Manuel Ezequiel Bruzual, quien al encargarse de la Presidencia busca negociar con los dos adversarios más poderosos: el general Manuel Antonio Rojas, viejo compañero de filas liberales a quien convence para que acepte la jefatura del Ejército, pero en cambio fracasa al tratar de ganar para un acuerdo al viejo prócer José Tadeo Monagas, quien al frente de una revolución que ha proclamado como “AZUL”, para diferenciarla del color rojo de los godos y amarillo de los liberales, no se transa, sino que rompe toda posibilidad de acuerdo y se apresta para ganar el poder en el campo de batalla.

Bruzual, presidente encargado de Venezuela y quien hacía gala al calificativo de “soldado sin miedo”, se apresta a la confrontación que le resulta desigual y desfavorable. El 26 de junio el anciano expresidente entra victorioso a Caracas, abandonada por su rival que sin amedrentarse se retira a Puerto Cabello, donde trata de reorganizar sus fuerzas. Hasta esa población va a perseguirlo José Ruperto Monagas, hijo del nuevo y debilitado mandatario, quien el 15 de agosto se enfrenta a Bruzual, hiriéndolo de muerte. El bravo jefe federal morirá en Curazao donde había sido evacuado por sus hombres un día más tarde, el 16 de agosto de 1868, siendo de esa manera el primer y único jefe de Estado que fallece combatiendo en la historia de Venezuela.





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