La Mafia en la Salsa
Identidad 05/07/2020 07:00 am         


Morris Levy usaba sus nexos con el bajo mundo para promover a sus artistas, que en lo latino incluían a los mejores de la plaza neoyorquina de la época (1950-1970)



Por Eleazar López-Contreras


Ismael Rivera fue agasajado por Tico Records en Nueva York. ¿Y no estaba Maelo en rehabilitación? Al Santiago le había comunicado a Morris Levy, presidente del sello, que uno de los mejores cantantes del negocio estaba internado en Lexington, Kentucky y que la compañía debía prepararse para firmarlo en lo que saliera libre. Para esto faltaba algún tiempo; sin embargo, Levy decidió no esperar tanto y levantó el teléfono, hizo una llamada, e instruyó a Santiago para fuera a buscarlo al día siguiente, que fue cuando, sin perder tiempo, se hizo la recepción y firmaron al artista (que ya tenía firmados a Tito Puente, quien llevó a La Lupe a su sello Tico). Dos años después, Levy fue condenado por extorsión, pero murió sin cumplir su condena de diez años. En el ínterin del juicio, estando en libertad bajo fianza, vendió su imperio musical en 55 millones de dólares, pero su fortuna era mayor e incluía intereses y propiedades compartidas, tanto con personas honorables del mundo de la música y los medios, como con gánsters de toda calaña. En sus confusos negocios —Levy también fue investigado por ser sospechoso de fraude y delitos conexos—, las investigaciones revelaron que él fungía de mampara o era socio bona fide de la familia Genovese.

Sus nexos con el bajo mundo los usaba para promover a sus artistas, que en lo latino incluían a los mejores de la plaza neoyorquina de la época (1950-1970): Puente, Palmieri, Barretto, Joe Cuba, Willie Colón, La Lupe…, quienes precedieron a la nueva camada de estrellas firmadas por él: Richie Ray, Pete Rodríguez, etc. y las Alegre All Stars (suyas cuando adquirió el sello Allegre) y Tico All Stars, predecesoras de las Estrellas Fania. Antes de conformar su imperio disquero, Levy había sido productor del sello RCA. Allí le grabó a Tito Puente muchos de sus mejores discos (Dance Mania 1 y 2, Carnival in Cuba, Mucho Puente, más dos de jazz) y se lo llevó a Tico cuando adquirió el sello. Entonces Levy ya era propietario de Birdland, el famoso epicentro de jazz en el mundo donde tocaban sus propios artistas, entre ellos, Machito y Puente. A pesar de sus turbias conexiones con la Mafia, que utilizó para fortalecer sus intereses y sus relaciones, Morris Levy y su maraña de sellos y fábricas de discos (en las que se sospechaba que sacaba a la venta ediciones piratas para inundar el mercado) fueron determinantes en el avance y la difusión de la música latina que marcó época y que trazó pautas en todo el mundo, sobre todo, porque el empuje comercial y promocional del sello Tico había sentado las bases artísticas que más tarde supo capitalizar y aumentar Fania, compañía que finalmente absorbió todo el catálogo y los artistas de aquél, si bien muchos de éstos, así como los ingenuos compositores pertenecientes a sus editoras, quedaron colgando de la brocha.


LEVY COMPOSITOR

Además de sus habilidades como disquero, otra faceta —milagrosa— de Levy era su don de compositor. Morris “escribió” una canción que le dio fama en el gremio: Why Do Fools Fall in Love, cuyo verdadero autor había sido despojado de sus derechos. Con similares tácticas coercitivas hacía que su nombre figurara como compositor (o co-autor) de docenas de exitosas canciones que manejaban sus editoras, que invariablemente desplumaban a los ingenuos compositores. Cuando Ritchie Cordell le presentó un disco de demostración de su canción It’s Only Love, para Tommy James and his Shondells, Levy se lo rompió en presencia suya y se lo devolvió con estas palabras: “El disco no sale a menos que mi nombre aparezca en la etiqueta”. Entre los artistas de Roulette también figuraban Frankie Lymon and the Teenagers. A Frankie Lymon lo exprimió Levy. En un juicio entablado por la viuda del artista (Emira Eagle, que fue la última), el cual se relacionaba con los derechos de autor que había heredado de éste, salió a relucir el asunto de las misteriosas y sospechosas autorías y coautorías de Levy. A instancias de la parte acusadora, el astuto disquero describió ante el jurado cómo él escribía una canción (“pensando en el ritmo y, luego, juntando letra y música”), para entonces aclarar: I think I would be misleading you if I told you I wrote songs, per se, like Chopin (Creo que yo los estaría confundiendo si les dijera que yo escribo canciones en sí, como Chopin). Aun con semejantes acrobacias argumentales y leguleyismos legales, nadie parecía salvarse de sus inescrupulosas maquinaciones.

Cierta vez, John Lennon grabó un número parecido a otro que estaba amparado por el copyright de una editora del grupo Tico-Roulette. Levy demandó y se llegó al acuerdo de que el ex Beattle incluiría tres números “suyos” en su próximo álbum como solista, que era de canciones nostálgicas. Morris le permitió a Lennon ensayar en Sunnyview, su finca en el norte del estado de Nueva York, e incluso llevó al pequeño Julian, hijo del Beattle, de once años, a Disney World. Solo se ganaba su confianza; después le metería el zarpazo. Lista la cinta, aunque todavía sin editar, se la pidió prestada a Lennon “solo para escucharla”. Levy entonces sacó el álbum al mercado bajo una oferta de venta directa por correo con el nombre de Roots. Dentro del proceso del litigio original, el asunto fue a tribunales y Lennon resultó favorecido, convirtiéndose en uno de los pocos artistas (si no el único) que se salvó de ser desplumado por el inescrupuloso disquero.

Cuando fundó su sello Roulette (en 1956), Levy aprovechó el naciente boom del rock & roll (que los grandes sellos desdeñaban) y le dio 25% de las acciones al disc jockey Allan Freed, para promover este nuevo estilo. Esto también hizo con los disc jockeys norteamericanos que irradiaban la candente música cubana generada por su sello Tico, a fin de ampliar la cobertura de la audiencia al segmento anglo parlante. Como esa música se tocaba en el Palladium, donde Levy tenía vara alta, los disc jockeys judíos Dick “Ricardo” Sugar y “Symphony Sid” Turin fueron favorecidos por él, con lo cual le garantizaba su gran audiencia a las orquestas latinas de su catálogo. Dado que sus métodos no eran muy ortodoxos, es probable que la mano de Levy también estuviera detrás del boycott que le hicieran a Tito Rodríguez en el Palladium. Ello ocurrió al éste cuadrarse con el sello United Artists y no con Tico. El amedrentamiento vino acompañado de una seria golpiza y amenazas de muerte, que fue lo que finalmente indujo a que el famoso boricua se dedicara a grabar boleros con violines y a mudarse a Puerto Rico, alejado de la plaza neoyorquina.


HOMENAJES Y AGASAJOS

Pasada la etapa del boom de Levy con sus sellos y los grupos latinos en Nueva York, la división de música del poderosísimo United Jewish Appeal lo agasajó nada menos que como Hombre del Año (en 1973). La cena testimonial organizada en su honor, reunió a mil 300 invitados en el New York Hilton con la notoria presencia de una especie de quién es quién de la industria musical, que incluía a todos los presidentes de los grandes sellos disqueros. En la cena-baile tocaron las orquestas de Harry James y Tito Puente, que era su orquesta favorita. Mucho antes, Levy había organizado un paquidérmico evento promocional que él mismo ideó como instrumento de relaciones públicas para incrementar sus nexos con los medios. En esta oportunidad, fue la orquesta de Count Basie la que tocó desde la medianoche hasta la mañana, en un agasajo que el sello Roulette (al cual pertenecían el famoso pianista y su orquesta) le ofreció a 2 mil disc jockeys de todo el país, durante una convención de locutores celebrada en el Hotel Americana de Miami Beach. La orquesta fue grabada en vivo y su One O’Clock Jump de esa noche aún aparece en las antologías de jazz. El magno evento, del cual fue anfitrión Morris Levy y que incluía el desayuno la mañana siguiente, fue llamado las tres Bs: Bar, Barbecue & Breakfast. El titular del Miami Herald el 31 de mayo de 1959 decía: “FOR DEEJAYS: BABES, BOOZE AND BRIBES”, que —ni más ni menos— significa PARA LOS DISCJOCKEYS: MUJERES, BEBIDAS Y SOBORNOS. ¡Naguará!







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